sábado, 8 de septiembre de 2012

Aprendiendo a aprehender

Por: Víctor Hugo Olmos Olalde
Un ligero exordio mental
La última dedicatoria para Anaid

“En los mismos ríos entramos y no entramos, somos y no somos”
Heráclito de Éfeso

En el momento en el que decide reincorporarme a las aulas hace ya 4 años, mis propios motivos y motivaciones fueron encaminadas por razones laborales más allá de mi idea propia de retomar los libros y la pluma, hoy el teclado de mi computadora. En aquel momento me deje llevar por la ilusión de crecer por arte de magia externa y no por la magia que yo mismo podía generar.

Las metas se convirtieron con el paso de los meses en un simple cumplimiento, en el hacer por hacer. Pero en ese camino conocí a grandiosos guías que me ayudaron a entender lo que estaba pasando y me enseñaron hasta donde podía llegar sin limites; Pedro Albarrán, Cinthia Verdiguel, Diana Palomo… uno de cada uno de ellos me enseñaron a aprehender y no solo a aprender. A ellos se les unen una veintena de escritores, filósofos, educadores y psicólogos que con sus palabras en libros, lograron darle practica a la teoría; como mis autores favoritos Wayne W. Dyer y Osho; mis teorías psicológicas ideales de un Fritz Perls, Carl Jung y Jaques Lacan, educadoras como Díaz-Barriga y Margarita Panza, filósofos como Heráclito, Aristóteles y Platón; la enseñanza del amor que nos dejo Jesús, Mahoma y Buda además de mi encuentro con los grandiosos secretos de la vida a manos de Hermes Trimegisto. Fue entonces que entendí que aprender no solamente se tenía que quedar en el simple entendimiento, si no en la transformación de lo aprendido porque “todo fluye, nada permanece”.

A solo 4 meses de haber terminado la Licenciatura en Ciencias de la Educación, el día de hoy me encuentro cumpliendo el sueño pospuesto, porque sé que las cosas pasan de acuerdo a un continuum de vida, porque yo mismo lo causo y me responsabilizo, el día de hoy me encuentro frente a un computador cumpliendo una de las metas deseadas; mi encuentro con la psicología.

¿Mis metas académicas o con metas académicas?

Al iniciar a escribir, pensé tantas ideas sobre metas establecidas, pensé acerca de si eran mías o alguien las había puesto en mi cabeza, si eran o no eran parte de mi; entonces recordé el gran sueño, entonces recordé al mago que llevo dentro.

“El ser y el no ser es uno y lo mismo; todo fluye, nada permanece ni persiste nunca lo mismo” (Heráclito, citado en Ramírez, 2004, p. 20) porque la vida esta llena de metas y no metas, de sueños e ilusiones además de pesadillas, de esperanza y de amor en conjunto al odio y la tristeza, porque todo es uno y uno es todo, nada es separado porque todo es causado..

Decir “Mis” es diferente a decir “Con”; ya anteriormente había tenido está discusión de hacer mías las cosas y de estar con ellas, del esfuerzo por desapegarme a las ideas o estructuras de hacer las cosas adueñándonos de ellas. “Mis”; es el impacto a las cosas por hacer nuestras esas cosas y no saber perderlas cuando sea momento de dejarlas atrás. Desde pequeños nos enseñaron a adueñarnos a las cosas porque debemos de hacerlo o tenemos que hacerlo de cierta manera (Dyer, 2010), por ello es que no son “mis” metas; más bien, es ir en la vida “con” metas, sin adueñarnos de la idea de que son mías. Esta creación de idea, que nos llevará más adelante a la creación de ideales o como mejor las llamamos meta, me hace retomar un pequeño párrafo de Osho (2010) que dice:
“Me da la impresión de que los seres humanos piensan que no basta con ser ellos mismos. ¿Porqué sienten tal compulsión la mayoría de las personas por alcanzar poder, prestigio y todo lo demás en lugar de limitarse a ser simplemente humanos?”
Al hacer las cosas como “Mías”, olvidamos el simple hecho de hacer las cosas por el simple gusto de hacerlas, y solo por eso. La vida es menos complicada que ponernos metas a alcanzar y frustrar toda nuestra propia vida porque no logramos alcanzarlas. Y con esto no me refiero a que sea incorrecto ponernos metas, me refiero a que además de lo que menciona Gelb (1999) en sus Normas CREMA, refiriendo a que las metas deban de ser limitadas en tiempo, que deban ser “realistas” y relevantes, especificas, medibles y que además tengan que tomarse con responsabilidad; es importante antes de todo esto, soñarlas, imaginarlas y crearlas. Esas normas son simplemente eso, normas limitantes de la vida que han logrado incrementar la realización de las cosas por puro y llano “ego”, que al no cumplirse como se establecieron, entonces da cabida a la gran frustración.

Con metas

“Toda infelicidad se debe al ego. Él es la causa de todos vuestros problemas. Si negarais al ego y le desintegrarais a base de ignorarlo, seríais libres” (Ramana Maharshi, citado en Dyer, 2011, p. 69) para vivir la vida con metas claras que vayan acordes a los sueños, a la música que toca dentro de cada uno, siguiendo la comparsa adecuada de las notas creadas por uno mismo, causales de los actos responsables en los que nos hayamos.

Tal vez soy demasiado soñador hoy en día, tal vez no tengo los pies sobre la tierra como me lo gritaron alguna vez o muchas veces, para lo que retome un fragmento de la hermosa novela El mago de John Fowles (Citado en Knight, pp 131-133) que me fue transmitida para poder entender las transformaciones y modificaciones constantes de los paradigmas en mi:
Érase una vez un joven príncipe que creía en todo, excepto en tres cosas: no creía en princesas, no creía en islas y no creía en Dios. Su padre, el rey, le había dicho que esas cosas no existían.
Como no había ni princesas ni islas en los dominios de su padre, y ni un solo signo de Dios, el joven príncipe creía en su padre.
Pero un día el príncipe salió de su palacio y llegó al territorio vecino. Allí, para asombro suyo, desde cada lugar de la costa veía una isla; y en esas islas había criaturas extrañas y turbadoras que no se atrevía a nombrar. Mientras buscaba una barca, un hombre con un traje de noche se le acercó por la orilla.
— ¿Eso de allí son islas de verdad? —preguntó el joven príncipe.
— Claro que son islas de verdad —dijo el hombre con el traje de noche.
— ¿Y esas criaturas extrañas y turbadoras?
— Son todas princesas auténticas y genuinas.
— ¡Entonces Dios debe existir! —gritó el príncipe.
— Yo soy Dios —contestó, inclinando la cabeza, el hombre del traje de noche. El joven príncipe volvió a casa lo más rápidamente que pudo.
—Así que has vuelto —dijo el padre.
—He visto islas, he visto princesas y he visto a Dios —dijo el príncipe en tono de reproche. El rey no se inmutó.
—No existen ni islas reales, ni princesas reales, ni un Dios real.
—¡Yo los he visto!
—Dime cómo iba vestido Dios.
—Llevaba un traje de noche.
—¿Se había arremangado las mangas del abrigo? El príncipe recordaba que sí. El rey sonrió.
—Ese es el uniforme de un mago. Te han engañado.
Viendo esto, el príncipe volvió a la tierra vecina, y volvió a la misma costa donde, de nuevo, se encontró con el hombre del traje.
—Mi padre, el rey, me ha dicho quién eres —dijo el joven príncipe indignado—. Me engañaste una vez, pero no lo volverás a hacer. Ahora sé que esas no son islas reales ni princesas reales, porque eres un mago.
El hombre sonrió.
—Eres tú el que te engañas, hijo. En el reino de tu padre hay muchas islas y muchas princesas; pero estás bajo el hechizo de tu padre y no las puedes ver.
El príncipe volvió a casa pensativo. Cuando vio a su padre le miró a los ojos.
—Padre, ¿es verdad que no eres un rey de verdad sino solamente un mago?
El rey sonrió y se arremangó las mangas.
—Sí, hijo mío; sólo soy un mago.
—Entonces el hombre de la costa era Dios.
—El hombre de la costa era otro mago.
—Tengo que saber cuál es la verdad, la verdad más allá de la magia.
—No hay verdad más allá de la magia —dijo el rey.
El príncipe se entristeció y exclamó:
—Me voy a matar.
El rey, con su magia, hizo aparecer a la muerte. La muerte se puso en la puerta e hizo señales al príncipe. El príncipe se estremeció; recordó las hermosas islas irreales y las hermosas princesas irreales.
—Muy bien —dijo—. Creo que lo podré soportar.
—¿Ves, hijo? —dijo el rey—, ahora también tú empiezas a ser un mago.

Mi vida con metas

Mi vida con metas me dice que estoy en una carrera que deseo disfrutar, aprender, aprehender, amar, inventar y crear, darle forma a una vida con metas y deformar las metas de acuerdo a mi vida.
Hoy estudio psicología por que entendí que la meta es el sueño de alcanzar a seguir a aprendiendo. Un gran amigo, Pedro Albarrán; me ayudo a entender la importancia del aprender, una gran amiga, Cinthia Verdiguel; me guio para poder enseñar.
Hoy mis metas no las puedo dividir en académicas, personales y laborales; unas y otras se han complementado; estudio por que trabajo, trabajo para vivir y vivo aprendiendo a ser feliz.

Referencia Bibliográfica
Dyer, W. (2010). Tus zonas erróneas; guía para combatir las causas de la infelicidad. México: Debolsillo.
Dyer, W. (2011). El cambio; de la ambición del ego a una vida con sentido. México: Debolsillo.
Knight, S. (2002). La programación neurolingüística en el trabajo; la diferencia que marca la diferencia en el mundo laboral. España: Editorial Sirio.
Osho (2010) El libro del ego; librarse de la ilusión. México: Debolsillo.
Ramírez, R. (2004). Dialéctica de la verificación de hipótesis. Venezuela: Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico.

2 comentarios:

  1. el camino siempre será extraño porque no sabemos que hay adelante de él, simplemente fluir en el camino nos ayuda a enfrentar aquello desconocido

    ResponderEliminar